El viaje que puso fin a las crisis estomacales!

En el mes de noviembre tuve que asistir a un compromiso en El Salvador y viajaba con un grupo de aproximadamente 20 personas, el viaje era de 9 días, al segundo día de estar en tierras salvadoreñas (en la que no tengo queja del hospedaje ni la atención, muy por el contrario nos trataron como a unos reyes), me dio la primera crisis, fuertes dolores estomacales, sentía como espasmos abdominales y diarrea.

En la casa que me estaba quedando me facilitaron bebidas hidratantes, medicamentos y el alivio llegó a mi cuerpo 14 horas mas tarde. El paseo seguía, asistíamos a las reuniones, las cenas y almuerzos estaban a la orden del día y yo temerosa de que mi cuerpo me hiciese otra jugada sucia, tomaba las precauciones que consideraba pertinentes: tomaba agua embotellada, procuraba no comer grasas y hasta rechacé la invitación a uno delos mejores restaurantes mejicanos que me ofrecieron los anfitriones del hogar.

Era hora de despedirnos del Salvador y conocer Antigua-Guatemala, ciudad de ensueño, pareciese que estuviese parada en el tiempo. Eran pocos días en los que íbamos a poder recorrer Antigua, el primer día todo estuvo bien, sin embargo, no puedo decir lo mismo del segundo día en el que nuevamente aparecieron los dolores estomacales, la diarrrea era imparable, por mas medicamentos que tomase, esa noche como era lógico, no dormí por estar sentada en “El Trono” como muy cariñosamente le solemos decir al excusado, era la hora de regresar por tierra al Salvador, ya que el día siguiente viajábamos a Panamá. Fue el peor viaje por tierra que he tenido en mi vida. Parábamos en todos lados para ir corriendo al excusado y lo mas vergonzoso de todo fue que me tuve que poner un pamper de una de las señoras octogenarias que nos acompañaba, por si me pasaba algún accidente, gracias a Dios que no se dio. Hoy ya lo puedo contar, en ese momento se me caía la cara de vergüenza.

Luego de esto, todos mis acompañantes a los que eternamente les estaré agradecida por sus buenos cuidados, y por tanta delicadeza con mis crisis, llegaron a la misma conclusión. Era hora de que yo dejara de ignorar los mensajes que mi cuerpo me estaba enviando y debía ir a verme con el Gastroenterólogo nuevamente.

Así que llegando a Panamá, regresé donde el especialista!

Abajo foto de una de las calles de Antigua, con el Volcán de agua en el fondo.

IV: THE TRIP THAT PUT AND END TO MY STOMACH CRISES

In November 2014, I attended an event in El Salvador with a group of approximately 20 people from my church. For nine days we were treated with the utmost hospitality – like visiting royalty. Unfortunately, I was struck on the second day with another gastric crisis, suffering stomach pain, abdominal spasms and diarrhea.

My host family kindly cared for me by keeping me hydrated and providing medicine, and after fourteen hours I finally felt relief. The trip continued, with lunch and dinner as central parts of our daily fellowship. I was afraid that my body was going to play another dirty trick, so I took pertinent precautions, drinking only bottled water and avoiding fatty foods. I even turned down an invitation from my host to dine at one of the finest Mexican restaurants in town.

From El Salvador, we traveled to Antigua, Guatemala, “The City of Dreams,” which seems to have been frozen in time. We spent a couple of days exploring, the first of which passed without incident. However, on the second day, the stomach pain returned, and the diarrhea was unstoppable. As you can imagine, I spent the night sleeping next to “The Throne,” (No explanation of “The Throne” is necessary here if you use quotation marks, since this is a common euphemism in English.) and the following morning, we started the drive back to El Salvador in order to catch our flight home to Panamá.

It was the worst road trip of my life. We had to stop constantly so I could sprint to the bathroom. The most mortifying moment was being given an adult diaper by my octogenarian travel mate – just in case of an accident. Thank God it didn’t come to that.

After the incident on the road, my travel companions (to whom I’m eternally grateful for their care and kindness) came to a unanimous conclusion: I must no longer ignore the messages my body was sending. It was time to see a new Gastroenterologist. I returned to Panamá, and did exactly that.

Below, the streets of Antigua with Volcán de Agua in the background.

20140709_111324

RV

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