La Endoscopia!

A las 9:00 a.m. del día 12 de diciembre de 14 esperaba sentada junto a mi papá en admisión del Hospital Punta Pacífica, mientras se terminaba el papeleo y demás, no podía evitar estar algo nerviosa. Por mas sencillo que fuese el procedimiento, me iban a colocar una pequeña anestesia general que duraría unos 20 minutos aproximadamente, mientras me ingresaban el tubo por la boca hasta el estómago, para tomar las muestras y proceder a las biopsias, en eso consistía el examen de la endoscopia.

Pasó un señor a recogerme en silla de ruedas, mi padre se despidió de mi con el gesto de amor que nos da a nosotros sus hijos cuando sabe que estamos nerviosos, la bendición y un beso en la frente. Terminado el gesto paternal, el señor me trasladó a la sala donde se llevaban a cabo este tipo de exámenes ambulatorios, me pidieron que me quietara todo y que quedara solo en la bata que me proporcionó la enfermera. Lo único con lo que me quería quedar era con mi escapulario de la Virgen del Carmen, pero al consultarlo con la enfermera, con su mejor sonrisa me dijo que no podía. Yo amagué como si me lo fuese a quitar, pero me lo dejé. Apenas llegó el doctor cual niña de cinco años le pregunté que si me podía quedar con mi escapulario y se lo enseñé, a lo que él respondió: Claro y se sacó el que tenía puesto en su cuello y le comentó a la enfermera que no había mayor problema con el escapulario, ya que no tenía nada de metal era solo tela y le enseñó el de él. Inmediatamente me dio mucha tranquilidad.

Me ingresaron a la salita donde se llevaría  a cabo el procedimiento, para mi sorpresa me encontré con 4 doctores mas aparte de mi gastro. Empezaron a preguntarme como estaba, mientras me iban colocando un aparato en la boca para que no me mordiera y mientras me hablaban me quedé dormida.

El programa de televisión que se encuentra en la sala de recobro me despertó a los 35 minutos aproximadamente de lo que me pusieron la anestesia, me encontraba con otras personas. La enfermera se acercó y me preguntó si estaba mareada o con nauseas a lo que respondí negativamente, luego me indicó que debía permanecer tranquila acostada por unos minutos mas antes de pasar a retirar mis cosas y así fue.

Nuevamente el señor me llevó en silla de ruedas hasta donde estaba mi papá esperándome. El doctor al terminar la prueba salió a comentarle a mi padre que una vez estuviesen los resultados me avisarían para ver que tratamiento debía seguir.

Y así pasaron un par de días cuando recibí la llamada del doctor para que pasara al consultorio para hablar del resultado.

The Endoscope

At 9:00 am on December 12, 2014, I was seated with my father in the waiting room of Punta Pacifica Hospital. As we completed all of the paperwork, I couldn’t help but feel nervous.

Endoscopy is a swift procedure, requiring mild anesthesia lasting only twenty minutes. During this time, a tube would be inserted through my mouth and into my stomach, where it would take a sample, and a series of pictures.

When it came time for me to head to the outpatient waiting area, an attendant appeared with a wheelchair. Before departing, my father spoke a blessing, and kissed my forehead as reassurance. I was given a hospital gown, and instructed to remove all clothing and accessories.

I asked the nurse if I could please keep my scapular of The Virgin of Carmen? She gave a kind smile, but replied that everything must be removed. I feared it might be cut off in the operating room if I didn’t follow instructions.

However, as soon as the doctor entered the waiting area, a five year-old girl asked him if I could keep my scapular, to which he replied, “Absolutely”. He then informed the nurse that scapulars were admissible, as long as they contained no metal, which put me instantly at ease.

Upon entering the OR, I was surprised to be greeted by four doctors in addition to my gastroenterologist. They began asking questions about how I felt while affixing an apparatus to my mouth to prevent me from biting during the procedure. As they spoke, I drifted to sleep.

Thirty-five minutes later, I awoke to a television show in the recovery room, surrounded by several other patients. The nurse stopped to ask if I felt dizzy or nauseous, to which the answer was ‘no’. She instructed that I relax lying down for a few more minutes before gathering my things.

Shortly thereafter, the attendant reappeared, helped me into a wheelchair, and returned me to my father. The doctor came out to speak with us, saying that he would devise a treatment plan as soon as the results returned. After waiting several days, I received the call to arrange a consultation about the findings.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Mariel Rodriguez dice:

    Continúa! Esto está muy interesante.. Me haz dejado pensando en el tema de la lactosa.

    Le gusta a 1 persona

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